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sábado, 24 de septiembre de 2011

¿Qué más querés?


Este texto de la maravillosa Martha Medeiros me describe muy bien, hoy y casi todos los días...

"Era una celebración familiar, que reúne a tíos, primos, abuelos y algunos agregados ocasionales que nadie conoce bien. Tirada en el sillón, una chica no estaba muy sociable, la cara era de entierro. Quieta, miraba a la pared, como si fuera a encontrar la respuesta a la pregunta que sin duda le martillaba la cabeza: ¿qué estoy haciendo acá? De costado, la veo a la madre también mirando la escena, inconsolable, al mismo tiempo en que comentaba con una tía: "Mira a esa chica. Siempre con esta cara. Nunca feliz. Tiene un trabajo, marido, hijo. ¿Qué más puede querer?"
Nada tan común para resumir la vida de otra persona como pensar que ella no puede querer más. Esa chica es hermosa, joven y tiene un lomazo ¿qué más quiere? La otra gana ríos de dinero, es valorada en el trabajo y vive viajando... ¿qué le falta?
Me imaginé a la muchacha dándose cuenta de todo que decían y confesando: sí, ¡quiero más! No quiero tener ninguna condescendencia con el aburrimiento, no ser forzada a aceptarlo en mi rutina como inquilino inevitable. A cada mañana, exijo por lo menos la expectativa de una sorpresa, ya sea que suceda o no. La esperanza, por si sola, ya es un entusiasmo.
Quiero que el hecho de tener una vida sensata y práctica no me robe el derecho a la locura. Que yo nunca acepte la idea de que la madurez requiere una cierta conformidad. Que yo no tenga miedo ni vergüenza a todavía querer.
Quiero una primera vez otra vez. Un primer beso en alguien que todavía no conozco, un primer paseo por una ciudad nueva, un primer estreno en  algo que nunca hice, quiero seguir rompiendo las virginidades que todavía llevo, quiero tener sensaciones inéditas hasta el fin de mis días.
Quiero ventilación, no morirme un poquito a cada día ahogada en las obligaciones y exigencias de ser la mejor madre del mundo, la mejor esposa del mundo, la mejor cualquier cosa. Me gustaría reconciliarme con mis fallas y debilidades, ventilar mi biografía, dejar que se escapen algunas ideas mías que no son muy bendecibles.
Quería no sentirme tan responsable de lo que sucede a mi alrededor. Entender y aceptar que no tengo ningún control sobre las emociones de los demás, sobre sus elecciones, sobre las cosas que van mal y también sobre las que van bien. Quería permitirme ser un poco insignificante.
Y en mi insignificancia, poder despertarme un día más tarde sin dar explicaciones, hablar con extraños, divertirme haciendo cosas que nunca me había imaginado, dejar de ser tan misteriosa para mí misma, conectarme con mis otras posibilidades de existir. ¿Qué más quiero yo? Escuchar y obedecer a mi lado más transgresor, menos comportado, ser menos rehén de las reuniones familiares, de marido, hijos, tortas de cumpleaños y de los despertadores el lunes a la mañana. Y también quiero más tiempo libre. Y más abrazos.
Bueno, nadie está satisfecho. Menos mal."